Buscar

Las 5 claves para afinar tu olfato inversionista

¿Es un club de ricos para ricos? ¿Es un lugar donde se especula con el dinero de los demás, para hacer crecer el nuestro? O, directamente: ¿Qué es la bolsa de valores? En realidad, es un mercado; un tianguis en el que, en lugar de pambazos, quesadillas o tlacoyos, se venden y se compran acciones empresariales. Igual que en nuestros mercados al son de “pásele, pásele güerito”, quien quiera puede entrar y comprar.

Tras años experimentando en este “mercado”, hoy os comparto una serie de consejos para afinar vuestro olfato inversionista. No existe una hoja de ruta para la compra-venta de acciones. Sin embargo, hay una serie de consideraciones básicas para iniciarse en el mundo bursátil:

1. Analizar el entorno y entenderlo:

Por muy básico que parezca, es algo que se olvida demasiadas veces. Creemos en recomendaciones de origen desconocido y nos lanzamos a comprar acciones o criptomonedas sin saber, ni siquiera, qué evolución ha sufrido su valor durante el último año. Creemos que se trata de una fórmula automática: “tú compra, nos dicen, que en un año tendrás el doble”; cuando, en realidad, el futuro es incierto. De lo que se trata es de acercarte cuanto sea posible a la certidumbre. Conocer el entorno no te hace conocedor del futuro. Sin embargo, es la base para empezar a construir tu estrategia de inversión.

2. Diversificar:

Seguro que conocéis el dicho “no metas todos los huevos en la misma canasta”. Pues cuando hablamos de inversión, aplica de la misma forma. Si la canasta se cae, todos los huevos se romperán. Si el negocio por el que apuestas va mal, game over: No te quedará nada para poder seguir “en el juego”. Se trata de disminuir al máximo el riesgo de perderlo todo. Lo ideal es contar con un portafolio de inversiones diversificado, que genere el mayor potencial de rendimiento posible, teniendo en cuenta el riesgo que estemos dispuestos a aceptar. Es decir, analizamos el entorno y nuestra capacidad de inversión personal, conocemos el rendimiento esperado de cada uno de los activos y su volatilidad; y examinamos el nivel de riesgo que podamos (o queramos) asumir. Después, buscamos la combinación de inversiones que se adecuen a nuestra situación.

Lo ideal es contar con un portafolio de inversiones diversificado, que genere el mayor potencial de rendimiento posible, teniendo en cuenta el riesgo que estemos dispuestos a aceptar.”

3. Elegir el momento de siembra:

Lo mismo que ocurre en la agricultura con la siembra, cualquier momento no es bueno para invertir. Nos puede parecer atractivo comprar un activo cuyo valor tiene una tendencia alcista. Sin embargo, comprar en la “cresta” (los máximos relativos que alcanzan las acciones), probablemente nos generará pérdidas en la siguiente fase correctora.

Por otro lado, tendríamos que plantearnos si la tendencia alcista muestra síntomas de agotamiento. Es necesario saber si esa inclinación perdurará así en el tiempo y si nuestro precio de compra es barato, aceptable o caro. Lo ideal, aunque difícil, sería invertir justo antes de que dé comienzo la fase alcista, en el precio más bajo del activo. Sin embargo, aunque se compre en la mitad de la fase alcista, si se sabe cuándo vender, se pueden lograr rentabilidades atractivas. Lo cual nos lleva al siguiente punto: la venta.

4. Elegir el momento de recogida:

Compramos activos en su fase alcista que nos generan rentabilidad, pero, ¿cuándo vendemos? Para empezar, es necesario calcular cuál es el valor intrínseco de una acción: el valor real, independientemente de lo que los inversionistas estemos dispuestos a pagar. Con el tiempo, el valor de mercado se cotizará de acuerdo al intrínseco, por tanto, si nuestros títulos están muy sobrevalorados, podría ser indicador de que una tendencia bajista se avecina y sería un buen momento para la venta. Un método sencillo para calcular el valor de una acción es la comparación con participaciones de empresas similares.

Como comentábamos anteriormente, es importante contar con una cartera de inversión diversificada. Con lo cual, cuando las acciones de una sola empresa ocupen un gran porcentaje de nuestra cartera, puede ser recomendable vender parte de ellas. Igualmente, si nuestro perfil de inversionista es de riesgo bajo, en caso de que el riesgo intrínseco de la empresa aumente, nos podríamos plantear vender las participaciones que tengamos de la misma.

5. Operar con sentido común:

Las inversiones se planean con la cabeza, no con el corazón. Se trata de calcular, analizar y concluir. Es nuestro dinero lo que está en juego y, por ello, no conviene dejarse llevar por las corazonadas.

El éxito nunca va a estar asegurado, sin embargo, cuanto más nos acerquemos a esa “seguridad”, mayor rentabilidad vamos a sacar a nuestro dinero. El objetivo es comprar los activos de los que podamos obtener el rendimiento más alto, con el riesgo mínimo, es decir: hacernos con el mejor producto del mercado.

Fuentes:

Cerrar
Alejandro Posada Cueto © Copyright 2018. Todos los derechos reservados
Cerrar