Buscar

Aprende a administrarte: todo empieza por las finanzas personales

El término “finanzas” asusta. Nos vienen a la cabeza cálculos difíciles, complejas balanzas de pagos, montañas de facturas y nóminas por pagar… En definitiva, asociamos la palabra con la situación económica de una gran empresa. Sin embargo, ¿qué hay de nuestra situación económica como individuos? En ese caso, estaríamos hablando de finanzas personales, un término quizá no tan común, pero muy presente en nuestras vidas. Vamos a hacer un repaso por tres de los elementos que juegan un papel básico en la administración de nuestras finanzas personales:

1. El presupuesto.

En toda planificación que implique un desembolso de dinero, el presupuesto será el primer elemento que habrá que revisar. En parte, lo plantearemos como una balanza de pagos: por un lado, ¿cuáles son tus ingresos fijos? Por otro lado, ¿cuáles son tus gastos fijos? Por supuesto, al restar tus gastos de tus ingresos, el resultado debería ser positivo. Probablemente, durante cada quincena tendremos muchos gastos variables, diferentes de la anterior. Sin embargo, lo más seguro es que no contemos con ingresos “sorpresa”. Por tanto, hay que prevenir y destinar una parte de nuestro presupuesto a gastos no contemplados.

2. Los gastos hormiga.

¡Ojo! ¿Qué porcentaje de tu salario crees que gastas en jugos, cigarrillos, café, postres, estacionamiento, Uber, pan…? Probablemente, más de lo que crees. Según la reparadora de crédito Resuelve tu Deuda podrían representar hasta el 20% de su ingreso mensual. Los gastos hormiga son aquellos desembolsos pequeños, de los que no somos conscientes en el día a día pero que, sumados a final de mes, se convierten en una cantidad considerable. Mi consejo respecto a ellos sería, para empezar, registrar esos pequeños gastos. Nos tenemos que dar cuenta de cuánto gastamos en ese tipo de cosas, para poder ponerle remedio. Después, y volviendo al primer punto, estableceríamos un presupuesto para esos “caprichos” y así controlaríamos lo que pagamos por ellos.

3. La “a veces amada, a veces temida” tarjeta de crédito.

En ocasiones se nos olvida, pero una tarjeta de crédito no es dinero extra, sino un préstamo. ¿Qué ocurre cuando la utilizamos para realizar pagos que, en realidad, no nos podemos permitir? Que nos endeudaremos durante las próximas quincenas… Amamos la tarjeta porque nos da la posibilidad de adquirir productos o servicios que queremos, sin necesidad de disponer de dinero o pagar en el momento. Nos da la oportunidad de retrasar el pago. Y, sin embargo, ¿qué ocurre cuando llega la fecha de pago? Que la odiamos, porque si en ese momento no tenemos dinero para cubrir nuestra deuda, ésta empezará a generar comisiones… e irá agrandándose. Por tanto, tenemos que ser muy conscientes de para qué utilizamos nuestra tarjeta de crédito y plantearnos si realmente tenemos la capacidad de adquirir un producto o servicio en cuestión.

En definitiva, igual que al invertir en bolsa, la columna vertebral de nuestras finanzas personales será la planificación: pensar qué tenemos, cuánto podemos gastar y en qué. Parece sencillo y, sin embargo, la falta de planificación nos puede llevar a endeudarnos durante varias quincenas y provocar un colapso en nuestra economía y, por tanto, en nuestra vida diaria.

Fuentes:

 

Cerrar
Alejandro Posada Cueto © Copyright 2018. Todos los derechos reservados
Cerrar